Un blog para la verdad: Cachos de vida
Un blog para la mentira: Mentira como la vida misma

sábado, 26 de mayo de 2012

Microrrelatos VIII



Publico otra entrega de los microrrelatos que cada vez me salen menos micro.

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Su cuerpo yacía estirado sobre el asfalto. La cabeza en un postura grotesca, sin duda, por tener el cuello rebanado, la causa de la muerte. Miraba al cielo con los ojos muy abiertos. Unos preciosos ojos azules aun luminosos pero carentes de vida. A su lado, en el suelo, unas enormes gafas de sol que siempre usaba. Su asesino, su vecino, declaró ante la policía "No puede evitarlo, no podía soportar lo que hacía. Ocultar esos ojos era esconder la más preciosa obra de arte, era un crimen que... debía ser castigado".

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Se mantenían la mirada desafiándose. A medida que pasaba el tiempo la tensión era mayor. Un duelo, el arma elegida: los ojos. Pupila contra pupila.
Primero ves toda la cara, luego te centras en las cejas y ojos. Observas los detalles, la curva de los parpados, las pestañas, las coloraciones del iris, ... los reflejos que devuelven. Te ves en ellos, tus propios ojos en los suyos. Y te parece familiar, incluso comienzas a sentir cariño por ellos. De pronto, ganas, la otra mirada se retira, y en cuanto se aparta de ti lo lamentas y comienzas a añorarla.

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Llevaba años haciendo juegos de palabras. Las partía, las fusionaba, les retorcía el sentido, entremezclaba las de distintos idiomas, les deformaba su pronunciación, ... les aplicaba todo tipo de mutaciones y distorsiones para obtener la sonrisa ajena.
Un día las palabras se revelaron y decidieron jugar con él. Al hablar no salían, o salían otras que no tocaba, a veces salían del revés o en tono cambiado, o muy alto o terriblemente grave. Fueron más allá, sus pedos eran hitakus, sus bostezos eslóganes publicitarios, sus suspiros maldiciones. Cansado de esto y los efectos que producía decidió cambiar su oficio por otro donde sus nuevas formas de expresión quedasen disimuladas: se hizo político.

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Cuando hizo su curriculum profesional estaba algo turbado, en lugar de empresas y trabajos realizados escribió la lista de sus ex-parejas y el motivo por el cual la relación había cesado.
La jefa de personal al ver el documento supo inmediatamente que ocupación sería la ideal para su perfil: le propuso ser su marido.


sábado, 3 de diciembre de 2011

El amigo real



Trás un mucho de tiempo sin publicar nada, experimento ahora con un cuento que no lo es. Escribiendolo he aprendido que es muy complicado hacer cuentos para niños. Lo que ha salido no lo es, se ha quedado en un quiero y no puedo ante la adversidad, pero ahí lo dejo para quien pueda interesar.

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El amigo real

Agustín era un niño como tantos otros niños de su país. No destacaba especialmente en nada. No era muy listo, ni muy tonto. No era muy fuerte, ni muy flojo. No era muy alto, ni muy bajo. Era un niño normal. Le gustaba reír, jugar, comer golosinas y a veces también lloraba y se enfadaba.

Agustín vivía con sus padres en una hermosa casa. Todos los días acudía al colegio como sus compañeros de clase, otros niños de su misma edad. La vida de Agustín era común y normal, sana y feliz, como la de cualquier otro chaval. Bueno,… quizás, eso no sea del todo cierto, en ocasiones, Agustín, se sentía algo solo, pues no tenía hermanos, puede que por eso se hiciese amigo de Pablo.

Un día, cuando salían del colegio él y los demás muchachos, vio  en la puerta un niño que no conocía. A todos cuantos pasaban por la puerta les decía “Hola, me llamo Pablo. ¿Quieres ser mi amigo?”. Nadie le hacía caso, algunos como mucho se reían de él. Todos con seguían su camino. Todos pasaban del extraño niño. Todos menos Agustín.

Tras observar durante un rato sus  intentos sin fortuna, se acerco a Pablo.

-          ¿Por qué quieres un amigo?- le pregunto Agustín
-          Porque estoy solo y me aburro mucho - respondió Pablo con sinceridad.

Agustín se sintió identificado y ese fue el primer día que jugaron juntos.

Pablo tenía la misma edad que Agustín y físicamente se parecían, la verdad es que tenían mucho en común, pero había una cosa que les hacía totalmente diferentes: Pablo era un niño real y Agustín un niño imaginario.

Sí, Agustín era un niño imaginario, pero eso no quiere decir que no existiese. Existía, pero él, sus padres y sus compañeros de colegio vivían en el Mundo Imaginario. Allí es donde existen y viven todos los seres que nosotros o Pablo podemos imaginar. Es otro mundo, distinto, aunque no muy diferente del nuestro. Sus habitantes tienen sus vidas, como nosotros en nuestro mundo real, lo que ocurre es que ellos no pueden imaginar. Viven sus vidas y hacen lo que se supone que deben hacer.

Aunque parezca extraño el País Imaginario no está muy lejos de nuestro mundo real, en absoluto. Se halla pegadito. La forma de llegar es muy sencilla, tan sólo hay que crear puentes con la imaginación para entrar en él. Eso es lo que hizo Pablo aquel día y llegó allí para buscar un amigo.

Es día, al llegar a su casa, Agustí n contó a sus padres que había conocido a Pablo.

-          – Papá, mamá, tengo un amigo nuevo, es muy divertido y he jugado con él después del cole. Lo hemos pasado muy bien.
-          – Ah, ¿sí ?– dijo su mamá - ¿Y quién es? ¿Un chico nuevo en la escuela?
-          No, no. No es de la escuela, aunque lo encontré a la puerta, buscaba un amigo, pero ningún niño le hacía caso.
-          Agustín, ¿quién es ese chico? – preguntó el padre algo inquieto
-          Se llama Pablo y sabe muchas cosas, es muy listo y se inventa muchos juegos nuevos…
-          – ¿Inventa? ¿No será un niño real? Agustín, ¿es un niño real? ¿Qué hiciste con él? – le interrogó la madre con preocupación
-          Sí, mamá. Es un niño real, pero no es malo. Es divertido.
-          Pablo, ya sabes que aunque las personas reales vengan a nuestro país, la gente no les hace caso – le recordaba su padre
-          – Pero ¿por qué? Pablo no es malo.
-          Mira Agustín, los seres reales vienen visitándonos desde hace mucho tiempo. Vienen cuando les parece, crean cosas con su magia, nos encantan y luego desaparecen.
-          – Y ¿por qué? – pregunta sin comprender Agustín
-          Pues porque cuando se hacen mayores  se olvidan del camino y quedan atrapados en su mundo – le explicaba su madre con cariño
-          Pero, mamá, aquí también hay seres reales mayores…
-          – Sí, pero tampoco les hacemos caso. Son peligrosos. Su magia es la más poderosa. Su poder es infinito. Si les hiciésemos caso lo usarían constantemente  y podrían destruir nuestro país. Esas personas también han olvidado el camino, pero quedaron atrapados aquí. Se cuenta que en su mundo los tienen encerrados hasta que consiguen hacerlos volver… o mueren.
-         – ¿Por qué han de volver?
-          – … – la madre no supo que decir
-          – Agustín, eres un niño todavía, con el tiempo lo entenderás. Confía en nosotros  - intervino el padre
-          Mamá, ¿por qué? – insistió Agustín
-          – Está bien.  Mira, cariño, en su mundo no creen en el nuestro, no les gusta donde vivimos ni como somos. Nos ignoran, prefieren no saber de nosotros
-          – ¡Cómo nosotros a ellos!
-          – No, … no es lo mismo. Agustín, allí, en el mundo real, dicen que somos mentira, que no existimos. Nos desprecian por no ser reales – intento explicar la madre
-          – ¿Y por qué piensan eso?
-          – No lo sé. Quizás porque no nos conocen, porque nosotros no podemos visitarlos ni hacer magia.
-          – Ya,… ¿nos odian?
-          – No sé. Creo que no, puede que alguno sí
-          – Pero mamá, Pablo no nos odia. Él sólo quiere un amigo… como yo. No quiere estar sólo.
-          – Agustin…
-          –Mamá, por favor.
-          – Está bien Agustín, pero ten cuidado. No quiero que sufras, hijo mío, piensa que cualquier día Pablo puede desaparecer para siempre – concedió la madre tras consultar con la mirada al padre.

Los padres de Agustín le dejaron que  continuase jugando con Pablo. Y este lo así hizo muchos días. Sin quererlo ambos aprendieron muchas cosas juntos y se divertían a lo grande.

Unas semanas después, Pablo fue a casa de Agustín, allí conoció a sus padres. Ellos pudieron confirmar todo cuanto Agustín les contó. Estaban encantados con el nuevo amigo de su hijo. Sabían que desde que conoció a Pablo era un niño más feliz. Ellos también disfrutaban de la presencia de Pablo y sus sorprendentes ideas. Porque  aunque real no dejaba de ser un niño.

Un día Pablo le pidió a Agustín que fuese con él a su mundo, al mundo real. Quería que Agustín conociese su familia, su casa, su mundo.

-          – Me gustaría, pero nosotros no podemos ir allí – le explicó Agustín
-          – Oh, vaya, pero vamos a probar, lo mismo tú sí puedes y no lo sabes – insistió Pablo
-          – Vale, pero yo no sé ir. ¿Cómo lo hago?
-          – Pues haz como yo. Cierra los ojos y deséalo mucho

Así lo hizo. Agustín cerró los ojos y deseó conocer la casa de Agustín. Cuando los abrió estaba allí. Fue fácil, muy fácil. Le sorprendió y se alegró mucho. Ahora él también podría visitar a Pablo cuando quisiese.

Pablo quiso presentar a Agustín a sus padres, pero estos no podían verle, ni oírle. Observaban boquiabiertos como su hijo señalaba y hablaba con un espacio vacío donde no había nada ni nadie. No le creyeron. Le riñeron por  mentir y le castigaron unos días sin salir de casa.

Al principio, los dos niños pensaron que no querían a  Agustín por ser un niño imaginario. Pero Pablo no se rindió. Intentó presentar a su amigo a otra gente. Probó con sus amigos  e incluso con algún desconocido. No funciono. Se dieron cuenta de que nadie en el mundo real podía ver o escuchar a Agustín. No les importó mucho. Ellos se lo pasaban bien igualmente, y que no pudiesen ver a Agustín tenía su parte divertida.

Otra sorpresa fue que Agustín no podía usar los objetos del mundo de Pablo.  Pasaba a través de ellos.  Le ocurría lo mismo con las paredes y con las personas, con todas menos con su amigo Pablo.

Ahora Agustín podía visitar a Pablo cuando le apetecía, y así lo hacía. Se llevaba sus propios juguetes porque los dos niños podían jugar con ellos en el mundo real. A veces iba con su bicicleta y juntos daban largos paseos explorando los alrededores de la casa de Pablo.

Agustín dejó de ser un niño normal. En su país,  pasó a ser “el amigo del niño real”. Se hizo famoso y fue admirado por todos. Al comienzo se burlaban de él por su amistad con Pablo.  En la escuela cada vez fue sacando mejores notas. S había hecho más listo que sus compañeros. Tenía la mente más abierta y sabía más que ellos de casi todo, incluso más que su profesor en algunas cosas.

La noticia se extendió por el País imaginario. “¡¡¡Un niño imaginario puede visitar el mundo real!!!” se contaban unos a otros con incredulidad. Le pidieron que diese charlas contando sus aventuras. Primero en la escuela, luego en la plaza del pueblo y finalmente salió en la televisión. Se convirtió en un héroe y sus juegos con Pablo en hazañas.

Pablo siguió siendo el mismo niño anónimo de siempre en su mundo. Nadie le creía cuando hablaba de Agustín, aunque tampoco le importaba. Sabía que había hecho algo importante. Junto con su amigo había ayudado a que la relación entre los niños de los dos mundos cambiase. Los niños imaginarios, gracias a las charlas de Agustín, comenzaron a visitar a niños reales. El número de amigos e imaginarios y reales se multiplico en poco tiempo y no paraba de crecer. Cuando oía a los padres de otros niños hablar sobre lo preocupados que estaban por sus hijos que decían tener amigos imaginarios, Pablo se sonría para sus adentros.

Pasó el tiempo y los dos amigos se hicieron mayores. Se cumplió aquello sobre lo cual los padres de Agustín le advirtieron.  Los dos niños, ahora adultos, dejaron de verse, aunque no de ser amigos. Según fueron creciendo conocieron a nuevas gentes en sus propios mundos. Sus visitas fueron distanciándose en el tiempo. Se veían menos.  Ambos recordaban a  menudo su niñez con cariño y agrado. No hubo dolor, quizá si una poquita de tristeza y nostalgia. Siempre supieron que sucedería y lo aceptaron con naturalidad.

Los dos vivieron muchos años hasta que murieron el mismo día. Entre sus últimos pensamientos estaban aquellos días juntos de su infancia. Fue un final dulce.

Ya han pasado muchos años desde entonces.
En el mundo real nadie supo la historia de Pablo. En el País Imaginario, Agustín y Pablo son queridos y admirados. Los colegios de allí desde entonces se da una nueva  llamada “Mundo real” y en la plaza del pueblo de Agustín una gran estatua donde Agustín y Pablo niños caminaban felices cogidos de la maño, les recuerda.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Microrreflexiones I - Refranes varios



Inicio nueva sección para escupir algunos pensamientos particulares.


En el amor y en la guerra todo se vale.
Quien te quiere, te hará llorar.

¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir posesión?

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A quién madruga Dios le ayuda.
No por mucho madrugar amanece más temprano.

¿O Dios no es todopoderoso o a veces se hace el remolón?

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Mejor pájaro en mano, que ciento volando.

Mejor malo conocido, que bueno por conocer.



No hay como motivar la iniciativa individual. 
El corolario perfecto para estos dos refranes sería: ajo y agua


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Perro ladrador, poco mordedor.

A perro flaco todo son pulgas



Para una pulga, un perro que habla de más es como Marina d'Or en verano.

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No hay dos sin tres.
A la tercera va la vencida.

Es lógico que nadie hiciese un tercer refrán al respecto.


miércoles, 27 de julio de 2011

Diálogos anónimos III - Dame un beso

Tras un breve intervalo de tiempo, publico un nuevo diálogo. En esta ocasión me gustaría dejaros deberes y que me comentéis, si os apetece, cómo os imagináis a los protagonistas de la historia. Podéis decir lo que os inspiren. Gracias, por participar.

- Dame un beso

- ¿Por qué?
- No preguntes. ¡Dame un beso!
- ¿Ahora?
- Si, ahora. Venga. Dame un beso
- ¿Pero un beso beso? ¿En la boca?
- Claro, ¿dónde sino se dan los besos los que se quieren?
- Pues a veces en las mejilla o en la frente…
- ¿Tengo yo pinta de ser tu madre? Anda, déjate de rollos y dame un beso.
- ¿Con lengua y todo?
- ¡Joer! Qué no es tan complicado. Tú me das un beso y luego ya veremos en que acaba. Deja que fluya…
- Vale, bueno… ¿Pero con abrazo?
- ¡Ufff! Eso como quieras. Mira nos ponemos y ya saldrá…
- Vale. Mmmmmm...
- Un momento. ¿Qué pasa? ¿Por qué no me querías dar el beso?
 - Sí quiero, y ya te lo habría dado sino me hubieses cortado ahora. Está muy feo eso de matar un beso.
- Okey. Lo siento. Pero no quiero que me beses si a ti no te apetece… y creo que por algo no querías dármelo ¿Pasa algo?
- No…, no pasa nada. ¿Y a ti por qué te ha entrado ahora ese complejo de pez?
- Te visto y me han entrado unas ganas locas de besarte. ¿No es buen motivo?  Te estás poniendo a la defensiva.
- Y tú muy plasta. ¿Qué pasa con el beso? Tanto que lo querías
- Y lo quiero, pero puede esperar un poquito más.
- ¿A qué?
- A qué me cuentes que te ocurre.
- Entonces,  me “ocurre” algo, soy yo el problema, ¿no?
- ¿Qué problema?  Yo no he hablado de problemas. Creo que por algo no me quieres besar  y me preocupa. No quiero que lo hagas si no te apetece.
- Pues te iba a besar, pero tú lo has cortado para hacer de Jessica Fletcher
- Ya te vale…
- Pero si eres tú que has pasado  de morritos calientes  a Carlos Sobera con tanta pregunta…
- Puedes confiar en mí. Lo que sea lo entenderé
- …
- Mírame, por favor. Anda, cuéntame. Lo que sea lo podemos abordar juntos… o bueno separados, como tú quieras.
- Noooo. Si es una tontería, pero me da mucha vergüenza.
- Soy yo. Te quiero, comprenderé lo que sea…
- Bueno, te lo cuento… , pero no pienses mal de mí, no te rías
- No seas idiota. ¿Cómo voy a pensar nada malo de ti?
- Pueeeees…
- Sí...
- Pues que hoy me olvide llevarme el cepillo de dientes al trabajo…
- Ya. ¿Es por el aliento? No me importa, pero si te da corte, tengo chicles.
 - No, no es eso. Ya dieron un uno. Es que…
- Venga, que ya sale.
- No. Eso es lo malo, que no sale.
- ¿Cómo?
- Qué para comer me pedí un bocadillo de salchichón. Sí, lo sé, tiene muy poco glamour, pero hoy iba muy mal de tiempo. Bueno, el caso es que se me quedó un cacho de carne entre los dientes…auquí  meutiio, auquí aaatrá,... y no hay forma de sacarlo.
- …
- No me mires así. Me da mucha vergüenza.
- …
- ¿No  dices nada?
- Bésame
- Mmmmmmmmmmmmmmmmmm mmmmmmmmmmmm mmmmmmm…
- Mmmmmmmmmmmmmmmmm mmmmmmmmmmmm mmmmmmmm…
- Mmmmmmmmm mmm
- Mmmmmmmmmm mmm
- …
- Te quiero
- Y yo a ti. Eres un sol. Me estoy poniendo caliente…
- Bueno, eso lo podemos resolver en breve. Una cosilla antes…
- ¿Qué...?
- ¿Sabes la marca de ese salchichón? Está rico.

jueves, 19 de agosto de 2010

Microrrelatos VII

Tras una ausencia prolongada, ahí van una nueva serie de microrelatos que me han salido un poco larguitos.

Microrrelatos VII

Madre e hija compartían nombre: Concepción, Concli para sus allegados. Cuando salían juntas a la calle siempre vestían igual, usaban exactamente el mismo modelo de ropa. Conchi hija, era consciente que esa tradición no era habitual entre otras madre e hijas, pero no le importaba, ellas dos estaban muy unidas. Aunque el día que su madre le presento a un joven de su edad que era “muy formal, simpático y lo veo ideal para ti” comenzó a inquietarse un poco. Era el vivo retrato de su difunto padre.


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Su marido se había suicidado. Ahora que no estaba. Le echaba en falta. Constantemente le venían recuerdos de su vida con él. Rememoraba con añoranza cuando le regañaba por cualquier tontería y él callaba, cuando le decía la suerte que había tenido un inútil como él al encontrarla, cuando se desahogaba al sentirse irritada por cualquier cosa insultándole, cuando le llamaba imbecil o estúpido ante cualquier propuesta que él le hacía, y cuando le reprochaba la escasa iniciativa y “poca sangre que tienes en la venas”. ¿Dónde encontraría otro hombre como él?


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Tras cinco intentos (fallidos) de suicidio, le encontró. Era el hombre ideal, quién aun sin bien él saberlo la comprendía, la persona idónea que ella necesitaba. Volvía a tener esperanzas, confiaba en que sus ilusiones se cumpliesen. Su familia, sin embargo, estaba intranquila por ese chico que había conocido en el psiquiátrico. Por muy integrado que estuviese ahora en la sociedad, no podían olvidar que había sido un psicópata y esa ristra de cadáveres de chicas jóvenes que había dejado por la ciudad no hace tantos años.

miércoles, 21 de abril de 2010

Microrrelatos VI

Publico una nueva tanda de microrrelatos. El primero de ellos tiene poco de original, básicamente está copiado de una entrada del blog Más claro, agua.

Espero que os gusten.

Microrrelatos VI

Beso su imagen sobre el espejo. Sorprendentemente está le devolvió el beso. Aunque asombrado, continuo durante unos segundos rozando esos labios a la vez propios y ajenos. De pronto se separó y rompió el cristal, había recordado lo mal amante que solía era.

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Al reconocerle, a ella le cambió la cara. Una sonrisa de 1,20 € se le dibujó. Cariñosamente le saludo, por 3,45 €. A continuación le preguntó por la familia y el trabajo a coste de 5,05 €. Seguidamente, abordaron el tema que le interesaba. Concluido este, se despidieron, 3,75 € y quedaron para cerrarlo el próximo martes .
Seguía pensando que las comisiones por trato amable de su banco eran altas, pero merecía la pena un poco de calor humano, aunque fuese fingido.

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Llevaba 3 años impartiendo clases en aquella escuela. No había sido fácil. El barrio más que humilde era conflictivo. El trato con alumnos y padres era como pasear por el filo de una cuchilla de afeitar. Se había tenido que enfrentar a vándalos y camellos. Un trabajo duro, sin duda. Pero estaba feliz, en breve recibiría su diploma de la "universidad de la calle".

sábado, 3 de abril de 2010

Diálogos Anónimos II - El pub

Segunda entrega de los "Diálogos anónimos". Amplio mis intenciones con estos textos, quiero que poco a poco vayan contando una historia global através de las conversaciones de los personajes de cada episodio.


El pub


- Joder, tía. ¡vaya tetas que tienes!
- ¿Qué?
- Qué vaya tetas que tienes, me gustan mucho.
- Vete a la mierda
- Ufff, son una pasada
- …
- No sé cual me gusta más si la izquierda o la derecha
- …
- Es que me encantan, tía. No puedo dejar de mirarlas.
- …
- Oye, ¿puedo tocarlas?
- ¿Quieres dejarme en paz?
- Bueno, tía. Sólo era una pregunta y de buenos modos. Si no quieres no pasa nada, tranqui.
- …
- Pero que sepas que me molaría mucho.
- Si, ya imagino.
- Entonces, ¿me dejas?
- No.
- Una lástima… Oye, ¿son naturales?
- …
- Tus tetas. ¿Son naturales o de silicona?
- …
- Seguro que son naturales, tía. Son la leche… jajaja. Qué bueno. La leche. ¿Lo pillas? Tus tetas son la leche, jajaja.
- Sí, graciosísimo. Lárgate.
- A mi me parecen naturales. Te pegan. ¿Estás sola?
- No, por desgracia, no lo estoy.
- No me extraña. Claro, una tía como tú como va a estar… Ah, que lo dices por mi. Jo, tía, cómo eres.
- …
- Ey, ¿no serás lesbiana?
- ¿A ti qué c...?. Sí, soy lesbiana, la más lesbiana del mundo.
- Pues yo podría intentarte curar.
- Mejor podrías intentar irte a la mierda
- Oye, perdona. No te estaré molestando, ¿verdad?
- Sí, me molestas.
- Hostia, perdona tía, perdona. Yo no quería incordiarte. Te he visto aquí, sola. Bueno, sola no, con ese par de tetas por compañeras y he aluciando un poco. Pero, de verdad, ey, que no quería incordiarte. Me sabe fatal, ¿sabes?.
- Sí. Entendido, pero ahora largarte.
- Vale. Claro, sí, sí. Pero…
- ¿Qué?
- …
- No, no te voy a dejar tocarme los pechos.
- No, que no era eso. Bueno, sí, eso también. De acuerdo, pero es otra cosa, además.
- Pufff...¿Qué?
- ¿Te puedo dar mi tarjeta? No sé, por si algún día te apetece llamarme…
- No lo creo.
- Ey, tía, no seas así. Ahora, voy un poco bebido, bueno bastante, pero no soy mal tío, en serio.
- Vale, dámela y vete.
- Sí, sí, espera, la saco enseguida, gracias, tía.
- …
- Toma.
- Adiós.
- No tía, no la tires al suelo, Joder, estoy siendo muy legal contigo… jajaja.
- ¿Qué pasa ahora? ¿Qué te hace tanta gracia? No, quiero tu tarjeta, quiero que te vayas.
- Nada, una chorrada. Es que, ¿sabes?, soy abogado, bueno, acabé el año pasado, pero ya tengo curro. Y eso…que soy legal, jajaja ¿Lo pillas?
- Sí. Vete ya.
- No.
- Joder, eres un pelmazo ¿Quieres irte de una vez y dejarme tranquila?
- Si te guardas mi tarjeta. Quién sabe, algún día podrías necesitar una abogado… y yo podría … echarte una mano. Y ahora no me refiero a tus tetas molonas, aunque si quieres estaría encantado de meterles mano. Qué lo que necesites, yo te lo hago gratis. Lo que sea.
- Vale, muy bien, Trae la tarjeta.
- Toma. Me llamo Dani, lo pone ahí.
- Bien, la he guardado en el bolso. ¿Lo ves?
- Sí. ¿Pero no la tiraras cuando me vaya...?
- No, no la tiraré.
- ¿De verdad? Prométemelo. Me fio si me das tu palabra.
- Pufff, esto es ridículo... Sí, sí, te lo prometo.
- Vale. Así, sí.
- Adiós, Dani.
- Ehhh,... hasta otra, macizorra.

viernes, 12 de marzo de 2010

Yo te quise

Buscando un texto para publicar que medio hecho ya tenía, me he topado con lo que hoy os dejo. No lo recordaba y aunque está algo bruto, me ha gustado y aquí os pego en sustitución del otro no hallado.


Yo te quise


Yo te quise todo cuanto pude,
apuré al máximo mis principios,
mi salud y mis fuerzas,
pero nada de eso bastó,
nada de eso fue suficiente.

No íbamos a la misma velocidad,
ni siquiera por el mismo camino.
Imposible seguirte, imposible acompañarte.
Tú parecías no darte cuenta
y yo me atrevía a decírtelo.

Cuando el amor no basta
para pegar dos vidas,
es mejor que cada uno,
olvide el corazón,
y haga lo que su cabeza le diga.

No es que yo te dejase,
es que hacía tiempo
que no estabas.
Sólo hice física
la distancia que nos separaba.

Si bien al comienzo,
contigo fui feliz,
luego todo fue sufrimiento.
No era yo el quedaba,
sino un triste atisbo de mí.

Ahora que no estás,
y que te añoro cada día,
no me arrepiento de nada
y aunque no conozco la felicidad,
vivo, y no me duele amarte todavía.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Diálogos anónimos I - La habitación

Comienzo con una nueva serie de textos. Diálogos de gente sin nombre. Sólo diálogos que espero que basten para contar situaciones y escenas por ellos mismo.

La habitación

- ¿Cuánto pides por la habitación?
- Un polvo a la semana.
- Vale, me parece justo.
- ¿Cómo? ¿Te parece bien? ¿No te extraña?
- No, me parece un buen trato ¿Sería en tu habitación o en la mía?
- Eh…, no sé. Eso no importa. Donde tú quieras. ¿En serio qué no te extraña?
- No.
- Eres la primera que no pone el grito en el cielo o monta un numerito ¿Acaso te gusto?
- No, para nada.
- Oh, vaya. ¿Entonces?
- Ya te lo he dicho, es un buen trato.
- Esto… ¿no serás una tía rara?
- Creo que no más rara que tú. Me has dicho el precio y estoy de acuerdo.
- A ver, estamos hablando de follar,… follar una vez a la semana.
- Sí, eso es lo que entendí.
- Bien. Vale…, pero hay condiciones
- ¿Cuáles son?
- No son acumulables. Quiero decir, que si una semana lo hacemos dos veces, no cuenta para la semana siguiente.
- De acuerdo.
- Usaremos condón siempre.
- Perfecto. ¿Los pones tú?
- Sí, los pongo yo. Ah, y…
- ¿Qué?
- Que...,¿cómo te lo diría?
- Suéltalo.
- Espero que sigas unas mínimas normas de higiene.
- Eso no será problema, supongo que puedo esperar lo mismo de ti.
- Sí, sí, claro.
- Una cosa
- ¿Qué?
- ¿Quieres un polvo normal o tienes pensado algún tipo de extravagancia?
- No, no, un polvo normal. Bueno, variaremos de postura, eso sí, para no aburrirnos más que nada.
- Vale, está bien.
- Jo, tía, en serio que estoy alucinando, nunca pensé que alguna aceptase.
- Pues ya ves, has tenido suerte.
- Entonces, ¿todo te parece bien?
- Sí. ¿Cuándo puedo mudarme?
- Cuando quieras, como has visto la habitación está lista.
- Perfecto. ¿Me cobras?

martes, 24 de noviembre de 2009

Evacuación literaria

El siguiente texto se autogenero momentos antes de atacar la cama siendo yo poseedor de una lucidez poco habitual dadas esas horas.

Evacuación literaria

Llega la noche y la cama está vacía sin ti, sin sueños, sin otras realidades alternativas por falsas que sean.

Espero sin suerte partir a un mundo gobernado por el subconsciente, quizá allí te vea, quizá allí te sienta.

Pasan los minutos lentos como horas, se arrastran perezosos sin prisa ni voluntad. Aguardo inquieto el sopor y sólo acumulo el cansancio y la desesperación.

Doy vueltas, lucho contra las sabanas, me anido en ellas emulando un feto en busca del sosiego y el tierno calor del vientre maternal.

Nada vale, nada funciona. Abandono el lecho precipitadamente instado por la imperiosa necesidad de dibujar en un folio estas palabras que, de repente, han surgido desbocadas en mi cabeza. Quiero salvarlas del olvido, quiero darles cuerpo, quiero que no se las trague el sueño que ya presiento.

Fluye mi mente rápida, más mi mano no alcanza a seguirla. Vierte frases, una tras otra, sin pensamiento, sin lógica, sin contención.

Puede que algún día las leas, puede que algún día tú le encuentres sentido.

Ya está aquí, ya noto el freno a mi consciencia. Parpadean mis ojos. El cauce de palabras se seca, la verborrea muere. Se detiene el bolígrafo y mi escrito cesa ... zzz ZZZ.

domingo, 25 de octubre de 2009

Microrrelatos V

Otra tanda de microrrelatos, aunque alguno no sea tan micro. Esta vez sin fotos.

Microrrelatos V

La vida de una lágrima es corta y triste. Brota y su misión es alejar la pena que encierra lo más distante posible de quien la siente. No es tarea fácil, está condenada a deshacerse poco a poco en su camino, dejando un rastro húmedo, un rastro elavorado con su propio cuerpo.

Las lágrimas mueren cuando ya desfallecidas no pueden moverse más y se secan. Se evaporan y suben al cielo. Allí, libres de su sal, su tristeza y sus penas, danzan felices unas con otras transformadas en vapor de agua. Han perdido su memoria, son inconscientes e inocentes, y disfrutan de su sencilla existencia mientras aguardan el nuevo destino que le les asignará en forma de lluvia.

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Buscaban un extra para la película. Básicamente, debía no saber nadar muy bien. Hizo tan bien su papel que murió ahogado.

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A los cinco años su voz maravilló al duque. Era un gran honor, iba a ser uno de famosos “castrati”. Aceptó a disgusto su destino, nada podía hacer. Durante años se esforzó y trabajo duro. Consiguió tener la mejor y más potente voz.

El duque henchido de orgullo y curioso a la vez, decidió que volviese a actuar para él. Fue la última vez que lo escuchó, sus tímpanos acabaron reventados.

domingo, 18 de octubre de 2009

Ahogado


Tras varias “microrrelatos sessions” vuelvo a los experimentos literarios.



Ahogado


Te sientes abatido, derrumbado, desolado.

Te ves minúsculo y aun así te contraes más contra ti mismo intentado empequeñecer más todavía, queriendo no existir.

Sobras al mundo y no deseas que este te advierta.

No te mueves, no hablas, no reaccionas.

Te quedas anquilosado por tus miedos, encarcelado por tus temores.

Contrariamente, el interior de tu cabeza no cesa de dar vueltas

Buscas porqués, exploras minuciosamente que ocurrió.

Intentas encontrar una solución, construir una salida y no es fácil, no lo es sin riegos.

A pesar de mucho pensar, intentar discernir algo de luz o encontrar un camino,… es imposible.

Todo es borroso y no te das cuenta que desde tú punto de vista sólo hay tinieblas. No ves más allá de tu propio dolor.

Estás ciego y no lo sabes. No te das cuenta.

Temes derruir los restos de algo que no se mantiene en pie, sientes terror a hacer algo que implique un cambio. Y no lo haces.

Sin embargo, la situación te asfixia, buscas aire donde no lo hay. Paradójicamente, estando así, sientes la seguridad de la quietud, del tiempo congelado.

Si continuas aguantado, nada irá a peor, nada cambiará, a pesar de que es lo que más deseas.

Esperas vanamente que algo suceda. Aguardas una nueva situación que no llega. Corre el tiempo y nada cambia, nada pasa.

Finalmente, no puedes más, has quebrado el límite.

Levantas la cabeza y rompes todas las costras que te aprisionan.

Te pones de pie dispuesto a hacer cualquier cosa. De nada sirve todo lo cavilado, los infinitos estériles pensamientos ni el tiempo sufrido.

Reaccionas por instinto, sin plan alguno ni sentido.

Sale bien. O sale mal. En todo caso, poco importa.

Eres LIBRE. Vuelves a ver.

Has ganado o ya no tienes nada perder.

Con la felicidad de que afortunadamente todo se haya solventado o la tristeza de haber perdido inapelablemente, sientes serenidad.

El miedo se ha ido.

El mundo continúa girando.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Microrelatos IV



Os hago participe de tres nuevos microrelatos. Alguno aun está calentito. Esta vez he intentado que no fuesen tan negativos y pesimistas como los de anteriores entregas, tarea nada fácil.

En esta ocasión, he tenido que recurrir al triste truco de poner enlaces a imágenes para que se entendiesen mejor los textos. No estoy nada orgulloso de ello, pues creo que menos de 1000 palabras sobran para mostrar mucho más que una imagen… y sino es así, es que el que escribe es un patata.

De todas formas espero que os gusten. En caso negativo, las reclamaciones en los comentarios :-)



Microrelatos IV


No le fue fácil, invirtió mucho tiempo y esfuerzo en ello, pero al final, lo consiguió. Fue la primera persona en poder comunicarse con los demás mediante la mente. El primer telépata. Ya nunca más tendría que soportar, mientras su dentista le obraba en la boca, la frustración de no poder responder a las preguntas que le hacia.

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Desde su lesión en la rodilla, hacía 13 años, había ocupado el puesto de enterrador municipal. Era buen trabajador y eficiente, tanto cerrando un nicho como cavando una fosa. No obstante, a las gentes del pueblo no les gustaba, pues mientras ejercía su oficio siempre lucia una gran sonrisa en la cara. No sabían, sin embargo, que era por deformación profesional de su anterior empleo: bailarín en televisión.

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De muy niña se inició en el ballet. Lo que más le costó al principio era andar de puntillas, desplazarse apoyando todo su peso únicamente sobre las puntas de los dedos. Con el tiempo fue dominándolo y necesitando cada vez menos superficie para ello. Finalmente, lo perfeccionó de tal manera que podía caminar sobre el aire. Eso sí, siempre llevando su tutú para mantener el equilibrio.


domingo, 26 de julio de 2009

Microrelatos III



A falta de más tiempo e imaginación, otra tanda de relatos cortos. Estos fueron paridos en mis idas y venidas al trabajo, en el tren. Si notáis que la letra está movida, es por el traqueteo del vagón.

Microrelatos III

Notó que el pescadero la miraba con desagrado. ¿Por qué sería? ¿Tenía mala cara? ¿Mostraba un aspecto desmejorado? No era puramente una cuestión estética y trivial, de ella dependía acabar en el cubo de los desperdicios o en la sartén de alguna buena familia.

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Deambulaba por las calles sin dirección ni sentido. Sólo avanzaba empujado por la inercia inicial, ignorante de cuál sería su destino. Envidiaba a sus iguales que tenían un lugar donde posarse y morar, … pero él tan sólo era un beso al aire.

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Nada más verla se enamoro de ella. Pero como era muy tímido optó primero por buscar información sobre ella. Quería conocer todo sobre cuanto la rodeaba. Y al fin, lo consiguió, aunque desde entonces habían transcurrido 63 años y ella llevaba 2 muerta.
Fue hasta su tumba y allí se dejó morir. Había disfrutado de una vida entera amándola y si tras la muerte había algo más, quería que fuese igual… tal vez, un poco de suerte, en su compañía.

domingo, 19 de julio de 2009

Microrelatos II


Lleva mucho tiempo sin publicar nada en este blog. Hoy mientras hacía costosamente unos largos en las piscina me han comenzado a surgir ideas. El resultado es otra tanda de microrelatos.



Microrelatos II

Era una persona extremadamente egoísta y vanidosa. Aun consciente de las consecuencias tomó el sol hasta agotar su último rayo. Su piel, más que adquirir un intenso moreno, se tornó oscuridad. Poco tiempo pudo lucirla. Sin Sol, en unos días todo el planeta completo murió.

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Buscaba una emisora en la radio y se detuvo de pronto. Asombrado descubrió que la voz que se oía era la suya propia. Quiso llamar a su mujer para se lo confirmase, pero ningún sonido salió de su boca. Le habían robado la voz.

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Movía el arco con frenesí. Una secuencia incesante de movimientos ora enérgicos, ora suaves. Sin embargo, la estridente e inquietante melodía que se escuchaba no brotaba del violín, sino del lamento desgarrado que emitía el aire al sentirse sesgado y acuchillado tan reiterativamente.