Último capitulo de la historia.
Capitulo IV – Un deseo
El cuerpo de Maaka quedó carbonizado y mutilado por la avalancha de materiales en el derrumbe. Sin embargo, Breen no descansaba junto él.
Cubierto de llamas y herido por las piedras caídas consiguió llegar a la salida.
Su cuerpo era todo dolor, su piel y su carne estaban quemadas. Todo ese caos a su alrededor en un hiriente silencio. En su huida, la vista le fue abandonando, había demasiado calor. Con la irracionalidad que da el pánico y el deseo de sobrevivir, se abrasó las manos al ir tanteado en busca de la salida y apartando los restos ardientes de su camino. Tras salir no permaneció mucho tiempo consciente.
Pasaron unas horas y quiso la fortuna que unos nómadas atraídos por el fuego se acercasen.
Le encontraron bocabajo sobre el suelo, básicamente desnudo y con casi todo el cuerpo quemado. Inicialmente le creyeron muerto. Sordo y ciego, la primera conciencia que tuvo, Breen de los nómadas, fue el doloroso roce de una mano sobre su hombro, su cuerpo se estremeció. Intento gritar, decir algo… pero pese a estar sordo sabía que de su voz apenas salían unos graznidos.
Le cuidaron y sanó su piel. Pasó mucho tiempo y sus quemaduras finalmente cicatrizaron. El dolor, si bien se atenuó, nunca cesó. No recuperó ni vista ni oído ni voz. Sus manos habían quedado atrofiadas convertidas en torpes muñones. Pese a todo eso, no quería morir, no quería olvidar. Se lo debía a su maestro…y a sus “hermanos”. Ahora sabía como llenar su vació, sabía de donde venían las visiones que comenzaron poco meses antes de llegar a la biblioteca. De alguna forma debía conseguir reunirlos y contarles cuanto conocía,… juntos descubrirían toda la verdad. Volverían a ser uno. Los errantes serán uno.
Un blog para la verdad: Cachos de vida
Un blog para la mentira: Mentira como la vida misma
domingo, 24 de febrero de 2008
jueves, 21 de febrero de 2008
Los errantes (III de IV) - El ser sobrenatural
Penúltima entrega.
Capitulo III – El ser sobrenatural
El Maaka calló. Parecía pensativo, como si estuviese en otro mundo. El alumno aguardaba en respetuoso silencio y no exento de preocupación las propias palabras de su maestro. De pronto, una bruma, de ella una luz y de la luz un ser que apareció ante ellos.
- Pareces sorprendido, viejo, veo que reconoces la historia.
- Tú… - respondió anonadado Maaka -… eres tú…
- Sí, yo soy, me conoces, pero no hace falta que digas mi nombre, podría costarle la vida a alguien – y miro a Breen, que asustado observaba la escena.
- Mientras leía – comenzó a hablar lentamente Maaka – me he dado cuenta que quien escribió este pergamino era un “hermano”, el aparecía en mis sueños y visiones…yo también he visto esas miradas, esos otros tantos como yo…
- Sí, realmente, sois una plaga, no os basta con morir… como tú harás en breve, os empeñáis en reencarnaros.
- Entonces, ¿mis visiones…?
- Tus visiones vienen de tus otras vidas, afortunadamente la vida del humano es lo suficiente corta para que no llegue nunca a comprender.
- ¿Era yo?
- Eras tú, lo mismo que el maldito que escribió ese pergamino se veía a si mismo…
- Pero,… ¿por qué?
- ¿Acaso has visto alguna vez a un dios aceptar preguntas de un miserable humano? Sois una plaga, una molestia, para mí, para los demás dioses y para el mundo. No puedo evitar que nazcáis en otro cuerpo, pero si puedo bañaros en el olvido… Y ahora, como bien habrás adivinado, ese pergamino debe ser destruido…no pueden quedar rastros. Nunca deberéis conocer la verdad, nunca…¡por el bien de todos! - Cada vez hablaba más fuerte y enfureciéndose a cada palabra - Estáis condenados a vagar por la vida con vuestra sed inaplacable, solos, perdidos y confusos... nunca volveréis a ser uno… ¡NUNCA JAMÁS!
Tembló la sala con la potencia de su voz. Fue lo último que oyeron Breen y Maaka, sus tímpanos estaban destrozados.
El dios miró al viejo y sonrió. El pergamino prendió y comenzó a quemarse. Cayeron las llamas sobre las ropas de Maaka y otros textos. Pronto el fuego se extendió por toda la sala. Maestro y discípulo quedaron rodeados por las llamas, su vestimenta ardía.
Tan fugazmente como apareció el dios, se esfumo abandonando la devastación que había provocado.
El intenso calor debilitó la estructura de las paredes del sótano. Cedió el techo y los escombros sepultaron las cenizas de la que había sido la gran biblioteca.
Capitulo III – El ser sobrenatural
El Maaka calló. Parecía pensativo, como si estuviese en otro mundo. El alumno aguardaba en respetuoso silencio y no exento de preocupación las propias palabras de su maestro. De pronto, una bruma, de ella una luz y de la luz un ser que apareció ante ellos.
- Pareces sorprendido, viejo, veo que reconoces la historia.
- Tú… - respondió anonadado Maaka -… eres tú…
- Sí, yo soy, me conoces, pero no hace falta que digas mi nombre, podría costarle la vida a alguien – y miro a Breen, que asustado observaba la escena.
- Mientras leía – comenzó a hablar lentamente Maaka – me he dado cuenta que quien escribió este pergamino era un “hermano”, el aparecía en mis sueños y visiones…yo también he visto esas miradas, esos otros tantos como yo…
- Sí, realmente, sois una plaga, no os basta con morir… como tú harás en breve, os empeñáis en reencarnaros.
- Entonces, ¿mis visiones…?
- Tus visiones vienen de tus otras vidas, afortunadamente la vida del humano es lo suficiente corta para que no llegue nunca a comprender.
- ¿Era yo?
- Eras tú, lo mismo que el maldito que escribió ese pergamino se veía a si mismo…
- Pero,… ¿por qué?
- ¿Acaso has visto alguna vez a un dios aceptar preguntas de un miserable humano? Sois una plaga, una molestia, para mí, para los demás dioses y para el mundo. No puedo evitar que nazcáis en otro cuerpo, pero si puedo bañaros en el olvido… Y ahora, como bien habrás adivinado, ese pergamino debe ser destruido…no pueden quedar rastros. Nunca deberéis conocer la verdad, nunca…¡por el bien de todos! - Cada vez hablaba más fuerte y enfureciéndose a cada palabra - Estáis condenados a vagar por la vida con vuestra sed inaplacable, solos, perdidos y confusos... nunca volveréis a ser uno… ¡NUNCA JAMÁS!
Tembló la sala con la potencia de su voz. Fue lo último que oyeron Breen y Maaka, sus tímpanos estaban destrozados.
El dios miró al viejo y sonrió. El pergamino prendió y comenzó a quemarse. Cayeron las llamas sobre las ropas de Maaka y otros textos. Pronto el fuego se extendió por toda la sala. Maestro y discípulo quedaron rodeados por las llamas, su vestimenta ardía.
Tan fugazmente como apareció el dios, se esfumo abandonando la devastación que había provocado.
El intenso calor debilitó la estructura de las paredes del sótano. Cedió el techo y los escombros sepultaron las cenizas de la que había sido la gran biblioteca.
lunes, 18 de febrero de 2008
Los errantes (II de IV) - La historia
Continuación del relato con segunda parte para llegar hasta la mitad.
Capitulo II – La historia
“…pero mi nombre no es importante. Llegué, a está gran ciudad hace unos días, y decidí poner, aquí, escritas todas mis sospechas, todas mis visiones. Quizás, en un futuro, le sirva a alguien para desvelar el misterio que, a los que ahora siento como hermanos, nos rodea. Moriré pronto, lo presiento, y moriré sin llenar este vacío que durante toda mi existencia me ha arrastrado de un lugar a otro, errante, sin destino… Al fin moriré y no me pesa ni lo temo, sólo me causa curiosidad.
Que maravillosa esta biblioteca donde tanto saber hay encerrado, casi me parece un insulto dejar aquí este texto, pero así ha de ser.
Mi niñez, mi juventud son turbios recuerdos envueltos por la niebla del olvido. Pero recuerdo el camino, sobre distintos paisajes, siempre el camino. Siguiendo adelante, buscando como saciar este vacío. Primero me atrajo el dominio de las armas, pensé que de esa manera me sentiría completo. No fue así, fui de un lado a otro aprendiendo hasta que ninguno me pudo enseñar más. Fui discreto, nunca quise ser un guerrero, sólo luché para defender lo que creía justo, pero nada de eso me lleno. Había momentos, en la lucha, en los caminos, que imágenes fugaces pasaban ante mis ojos, imágenes de otro mundo, de otras gentes, y que las sentía muy mías. Las noches eran temibles sueños que me trasportaban guerras, a enfrentamientos, y siempre había un ser muy poderoso, ¿quizás un ser sobrenatural?, no lo sé, forma parte del enigma. Comencé a dormir cada vez menos, por miedo a mis sueños, sólo lo hacia abatido por el agotamiento.
Mi interés se volcó luego en las ciencias, no en la que enseñan en los templos, jamás admiraré a los dioses, malditos presuntuosos, sino a las que residen en las cosas, en la naturaleza.
Aprendí, sí, aprendí mucho. Al dormir menos, las imágenes se hicieron más frecuentes de día, y el vacío de mi interior más hondo.
Encontré otros como yo, hermanos de destino. Nos cruzábamos en el camino y con sólo vernos los ojos nos reconocíamos, detectábamos el vacío en nuestra mirada. Han sido bastantes, sí,… recuerdo al asesino compulsivo, aparecía y mataba por matar lo que fuese, no le importaba, y volvía a desaparecer sin cambiar la seriedad de su cara; …al herrero que fabricaba objetos maravillosos y luego los destruía, buscaba el mineral perfecto; …el alquimista en busca de los elementos puros; …el atleta de fuerza y velocidad descomunales, tras la bestia que lo superase luchando cuerpo a cuerpo… Tantos, todos grandes, todos tan distantes al resto de sus congéneres, humildes, silenciosos, todos tristes, sus ojos, nuestros ojos apagados, con este ansia infatigable, con este vacío, este sentimiento de no ser completos. Que tremendo dolor para un humano.
Seguí aprendiendo, algunas cosas asombrosas, que conmigo morirán. Según los días se acercaban hasta hoy, las imágenes, las visiones, los sueños se han ido haciendo más frecuentes. Tengo la certeza, que todos compartimos este terrible hado, y me pregunto, a veces, que ocurriría si nos uniésemos, si compartiésemos nuestros sueños y visiones. Oh, que maravillosa fuerza. Quizás, así, todos juntos calmásemos el vacío, quizás descubriésemos que maldito ser tramó esta tortura… debe haber una relación, no puede ser casual. Siento pena pues a alguno de mis hermanos maté y bien sé que ellos a otros mataron. El bien, el mal, cada uno tenemos nuestra idea o nuestro instinto, que por desgracia como ocurre con los demás seres de este basto mundo, rara vez coincide. Fino aquí mis líneas, con una pregunta nunca podré contestar ¿qué me deparará la muerte?”
sábado, 16 de febrero de 2008
Los errantes (I de IV) - El pergamino
Público el primer capitulo (de cuatro) de un pequeño cuento fantastico. Fue creado como prólogo para aventuras en un servidor de rol on-line de Ultima Online (algo similar al World of Warcraft, pero en cutrecillo y con mucha más antigüedad). En pocos días irá apreciendo los siguientes.
Capitulo I – El pergamino
Maaka, estudioso de la historia y las ciencias, había consumido casi la totalidad de su vida en localizar los restos de aquella civilización de grandes sabios hacia mucho tiempo ya olvidada. Y ahora, estaba allí. Tres meses habían transcurrido, desde que llegaron. La visión de aquella cuidad devastada les desanimo inicialmente, pero en unos sótanos lograron localizar la gran biblioteca perdida, guardiana y custodia del saber de antaño.
Tres meses entre polvo y pergaminos, leyendo, transcribiendo, clasificando. Quedaba mucho por hacer y la luz de su vida iba apagándose poco a poco. Por fortuna, contaba con la inestimable ayuda de Breen, su discípulo.
- Maestro, mirad, he encontrado este extraño pergamino, estaba semioculto bajo una estantería derrumbada. No comprendo la escritura… ¿qué puede ser?
- Acércalo, aquí, a luz, que lo vea bien …- la cara de Maaka se llenó de sorpresa e incredulidad -...no, no es posible, esto, esto no es de aquí…, esto sí que es inaudito.
- ¿Lo conocéis? ¿De que se trata?
- Oh, Breen, parece que has encontrado un imposible, la cultura que estudiamos no tiene nada que ver con estos signos… los conozco, sí, en gran parte me son familiares, pero son de un lugar tan lejano que es extraordinario que pueda estar aquí, - el maestro miro seriamente a su discípulo – quien escribió este pergamino debió pasar toda su vida viajando.
- ¿Entendéis que dice? ¿Podéis leerlo?
- Sí, puedo leerlo, tráeme algo de agua, por favor, tengo la garganta seca,…intentaré contarte lo que está escrito,… el principio está borroso…
- Tomad maestro, bebed
- Gracias, Breen... desde donde se puede leer dice…
Capitulo I – El pergamino
Maaka, estudioso de la historia y las ciencias, había consumido casi la totalidad de su vida en localizar los restos de aquella civilización de grandes sabios hacia mucho tiempo ya olvidada. Y ahora, estaba allí. Tres meses habían transcurrido, desde que llegaron. La visión de aquella cuidad devastada les desanimo inicialmente, pero en unos sótanos lograron localizar la gran biblioteca perdida, guardiana y custodia del saber de antaño.
Tres meses entre polvo y pergaminos, leyendo, transcribiendo, clasificando. Quedaba mucho por hacer y la luz de su vida iba apagándose poco a poco. Por fortuna, contaba con la inestimable ayuda de Breen, su discípulo.
- Maestro, mirad, he encontrado este extraño pergamino, estaba semioculto bajo una estantería derrumbada. No comprendo la escritura… ¿qué puede ser?
- Acércalo, aquí, a luz, que lo vea bien …- la cara de Maaka se llenó de sorpresa e incredulidad -...no, no es posible, esto, esto no es de aquí…, esto sí que es inaudito.
- ¿Lo conocéis? ¿De que se trata?
- Oh, Breen, parece que has encontrado un imposible, la cultura que estudiamos no tiene nada que ver con estos signos… los conozco, sí, en gran parte me son familiares, pero son de un lugar tan lejano que es extraordinario que pueda estar aquí, - el maestro miro seriamente a su discípulo – quien escribió este pergamino debió pasar toda su vida viajando.
- ¿Entendéis que dice? ¿Podéis leerlo?
- Sí, puedo leerlo, tráeme algo de agua, por favor, tengo la garganta seca,…intentaré contarte lo que está escrito,… el principio está borroso…
- Tomad maestro, bebed
- Gracias, Breen... desde donde se puede leer dice…
sábado, 19 de enero de 2008
La estatua
Recupero algo muy viejo y que no me acaba de convencer pero perfiero dejarlo intacto por respeto a mi yo pasado (con sus virtudes y defectos).
La estatua
No sé que es, de pronto ha surgido,
me abrasa el estomago,
me alborota el corazón,
las palabras no salen,
mis pensamientos se bloquean,
sólo quiero contemplarte,
ser el mejor para ti,
darte toda la felicidad,
pero me pueden los nervios,
me entra pánico por hacer algo mal delante tuyo,
no soy capaz de reaccionar,
y el silencio se adueña del momento,
tú delante mío,
yo delante tuyo,
que dulce tortura,
que estúpida inseguridad,
deseo besarte pero hasta mirarte me duele,
por favor,
vete y dame consuelo,
deja que la soledad alivie la tensión,
permite que maldiga mi sino y mi cobardía,
aléjate y déjame con la amargura
de haber perdido una vez más sin luchar
por lo que más quiero,
que me invada la pena
hasta que otra vez te vuelva a ver.
domingo, 6 de enero de 2008
Diario de una noche
Había pasado tanto tiempo que ya no recordaba el sabor de su clítoris sobre su lengua, ni el suyo ni el de ninguna otra, evidentemente.
Continuaba ligado a ella a través de los recuerdos que le sobrevenían por el menor detalle de la vida cotidiana. Añoraba el sexo, la pasión desmedida, recorrer toda su piel sintiéndose impotente de no poder abarcarla toda a la vez, su boca húmeda e inquieta, esa mirada levemente pérdida, sus cálidos pechos y su tropical vagina. Pero sobre todo echaba en falta su presencia silenciosa, compartir los momentos, ser cómplice y participe de su vida. ¿Qué había sido del candor y ternura que sentían el uno por el otro, de las risas, de la felicidad y el deseo de que nada cambiase pues el mundo les sobraba?
Era consciente que todo había acabado y que ella, ahora, era totalmente ajena a su vida. Pensaba en ello mientras dejaba que el agua de la ducha secuestrase sus lágrimas impudorosas. Tenía que salir y vestirse, pero no quería. Era como si el calor de la agua le protegiese del exterior al igual que lo hacia del frío propio del invierno. Sentía la soledad y pánico de que está le acompañase durante el resto de su vida.
Miro el reloj del cuarto baño a través de las brumas del vapor y la hora que marcaba le impulsó a salir de su artificial feto. Se seco, desodoró, afeitó y vistió. Se hizo con las llaves del coche y salió de casa.
Joer, que tarde, que tarde, que tarde.
Como odiaba el tráfico. Ante la hora aproximada de viaje que tenía por delante, puso la radio. A esa hora sólo hablaban de deportes, no le interesaba pero era preferible a oír una emisora musical y que cualquier canción le dejara aun más hundido.
Maldito tráfico. Maldita memoria caprichosa y traicionera.
Hoy el asiento del copiloto estaba vacío y el perfume de ella no llenaba todo el espacio de coche, pero él lo notaba igual. Todavía guardaba su foto en la cartera, no por esperanza de volver a estar con ella, sino por que había sido tanto para él en su vida que tenía la sensación de que si tirase la foto perdería un gran trozo de sí. Sólo ella le dio sentido a su existencia y no estaba preparado para desvincularse más aun. Esto era un sinsentido y lo sabía.
Malditos semáforos. Malditos solistas del claxon. Maldita vida.
¿Qué hacer? No se imaginaba el futuro, ni sabia que quería. Ilusiones y sueños que tuvo en el pasado se desvanecieron. Vivir o intentar sobrevivir era su inercia, más por impulso que por intención propia.
Joder y ahora se pone a llover. Maldito tiempo. Maldito mundo.
Trabajar y consumir su tiempo libre en cualquier cosa que no le dejase estar consciente a solas consigo mismo era su obsesión. No pensar, alejarse de la soledad. Seguramente la soledad es el sentimiento más antiguo que alberga el ser humano y el amor una consecuencia de él. Una camino de engañarla es disolviendo la insoportable existencia de uno mismo con la de otro ser para formar una pareja. A veces ocurre que la también la existencia como pareja se vuelve insulsa y pobre entonces se tienen hijos.
Malditas obras. No se ve nada. Maldita noche.
Odiaba conducir de noche y con lluvia. Iba e iba con desgana, más por compromiso que por gusto o apetencia. Ellos, sus amigos, le caían bien pero ahora, paradójicamente, prefería estar sólo, que no se trasluciese su sentir, que nadie notase su ánimo, no quería preocuparles ni aguar la velada.
Malditos deportes. Maldita sociedad de bobos y superficiales. Maldita panda de alienados.
Le cargaban los triviales e estúpidos comentarios sobre el deporte que vomitaba la radio. Era irracional que hubiese gente que condicionase su vida y las relaciones con los demás según los resultados de su equipo preferido. Bueno, ya casi había llegado. Sólo quedaba encontrar aparcamiento. Sólo.
Malditos coches. Malditas zonas azules. Maldito amor.
¿Existe realmente el amor o es sólo una forma de conseguir sexo con constancia? ¿Tiene el sexo sentido en sí mismo o es sólo la manera más profunda de sentirse ligado a alguien y huir de la soledad? Cariño a través del sexo y sexo a través del cariño… y el amor de envoltorio. Nunca más caería en la trampa. Mejor así. No más decepciones. No más fracasos. No más dolor. No más.
Por fin, un sitio, por fin. Mierda llego tarde.
Una cena con amigos. Un acto colectivo compañía mutua. Gente alrededor y distracción. Y sin embargo e incapaz de aliviar la soledad interior. Ocurre a veces que cuando más gente tienes rodeándote mayor es la sensación de aislamiento y más distante te sientes de todos, como si el tiempo corriese a una velocidad diferente para uno a la de los demás.
Allí están, bueno… no soy el último.
Esperaban bajo un balcón próximo la entrada al restaurante. Eran cinco y aparte de él faltaba una pareja. Los saludó y mientras terminaba la ronda llegaba la pareja faltante acompañados por alguien más. Una chica.
¿Quién es? Parece maja. Me esta mirando…
Fueron presentados. Entraron todos al restaurante. Ella se sentó cerca de él, pero no al lado. Durante la cena fueron conociendo vagos detalles de la vida de uno y otro. Él la miraba, le gustaba su forma de hablar, de gesticular, de expresarse. No es que fuese guapa propiamente, pero tenía un “no sé que”… y tonta no era precisamente. Se sentía atraído por ella.
¿Tendrá pareja? ¿Le habré caído bien? Es tan maja…
Tras la cena amena y agradable fueron a un pub próximo. Había dejado de llover y seguramente si él hubiese mirado al cielo habría dicho que comenzaba a brillar el sol en esa noche enero. Consiguió colarle discretamente la pregunta sobre su estado social y averiguó que no había nadie en la actualidad. Pudieron hablar con la intimidad que daba la fuerte música ambiental. El agrado parecía mutuo. Al despedirse se dieron dos besos en las mejillas que a él le supieron a poco. Se fue camino de su coche con una sonrisa en los labios, una manojillo de pequeñas ilusiones y un número de móvil.
Que maja, que maja, que maja…quiero verla de nuevo, ya la echo de menos.
Continuaba ligado a ella a través de los recuerdos que le sobrevenían por el menor detalle de la vida cotidiana. Añoraba el sexo, la pasión desmedida, recorrer toda su piel sintiéndose impotente de no poder abarcarla toda a la vez, su boca húmeda e inquieta, esa mirada levemente pérdida, sus cálidos pechos y su tropical vagina. Pero sobre todo echaba en falta su presencia silenciosa, compartir los momentos, ser cómplice y participe de su vida. ¿Qué había sido del candor y ternura que sentían el uno por el otro, de las risas, de la felicidad y el deseo de que nada cambiase pues el mundo les sobraba?
Era consciente que todo había acabado y que ella, ahora, era totalmente ajena a su vida. Pensaba en ello mientras dejaba que el agua de la ducha secuestrase sus lágrimas impudorosas. Tenía que salir y vestirse, pero no quería. Era como si el calor de la agua le protegiese del exterior al igual que lo hacia del frío propio del invierno. Sentía la soledad y pánico de que está le acompañase durante el resto de su vida.
Miro el reloj del cuarto baño a través de las brumas del vapor y la hora que marcaba le impulsó a salir de su artificial feto. Se seco, desodoró, afeitó y vistió. Se hizo con las llaves del coche y salió de casa.
Joer, que tarde, que tarde, que tarde.
Como odiaba el tráfico. Ante la hora aproximada de viaje que tenía por delante, puso la radio. A esa hora sólo hablaban de deportes, no le interesaba pero era preferible a oír una emisora musical y que cualquier canción le dejara aun más hundido.
Maldito tráfico. Maldita memoria caprichosa y traicionera.
Hoy el asiento del copiloto estaba vacío y el perfume de ella no llenaba todo el espacio de coche, pero él lo notaba igual. Todavía guardaba su foto en la cartera, no por esperanza de volver a estar con ella, sino por que había sido tanto para él en su vida que tenía la sensación de que si tirase la foto perdería un gran trozo de sí. Sólo ella le dio sentido a su existencia y no estaba preparado para desvincularse más aun. Esto era un sinsentido y lo sabía.
Malditos semáforos. Malditos solistas del claxon. Maldita vida.
¿Qué hacer? No se imaginaba el futuro, ni sabia que quería. Ilusiones y sueños que tuvo en el pasado se desvanecieron. Vivir o intentar sobrevivir era su inercia, más por impulso que por intención propia.
Joder y ahora se pone a llover. Maldito tiempo. Maldito mundo.
Trabajar y consumir su tiempo libre en cualquier cosa que no le dejase estar consciente a solas consigo mismo era su obsesión. No pensar, alejarse de la soledad. Seguramente la soledad es el sentimiento más antiguo que alberga el ser humano y el amor una consecuencia de él. Una camino de engañarla es disolviendo la insoportable existencia de uno mismo con la de otro ser para formar una pareja. A veces ocurre que la también la existencia como pareja se vuelve insulsa y pobre entonces se tienen hijos.
Malditas obras. No se ve nada. Maldita noche.
Odiaba conducir de noche y con lluvia. Iba e iba con desgana, más por compromiso que por gusto o apetencia. Ellos, sus amigos, le caían bien pero ahora, paradójicamente, prefería estar sólo, que no se trasluciese su sentir, que nadie notase su ánimo, no quería preocuparles ni aguar la velada.
Malditos deportes. Maldita sociedad de bobos y superficiales. Maldita panda de alienados.
Le cargaban los triviales e estúpidos comentarios sobre el deporte que vomitaba la radio. Era irracional que hubiese gente que condicionase su vida y las relaciones con los demás según los resultados de su equipo preferido. Bueno, ya casi había llegado. Sólo quedaba encontrar aparcamiento. Sólo.
Malditos coches. Malditas zonas azules. Maldito amor.
¿Existe realmente el amor o es sólo una forma de conseguir sexo con constancia? ¿Tiene el sexo sentido en sí mismo o es sólo la manera más profunda de sentirse ligado a alguien y huir de la soledad? Cariño a través del sexo y sexo a través del cariño… y el amor de envoltorio. Nunca más caería en la trampa. Mejor así. No más decepciones. No más fracasos. No más dolor. No más.
Por fin, un sitio, por fin. Mierda llego tarde.
Una cena con amigos. Un acto colectivo compañía mutua. Gente alrededor y distracción. Y sin embargo e incapaz de aliviar la soledad interior. Ocurre a veces que cuando más gente tienes rodeándote mayor es la sensación de aislamiento y más distante te sientes de todos, como si el tiempo corriese a una velocidad diferente para uno a la de los demás.
Allí están, bueno… no soy el último.
Esperaban bajo un balcón próximo la entrada al restaurante. Eran cinco y aparte de él faltaba una pareja. Los saludó y mientras terminaba la ronda llegaba la pareja faltante acompañados por alguien más. Una chica.
¿Quién es? Parece maja. Me esta mirando…
Fueron presentados. Entraron todos al restaurante. Ella se sentó cerca de él, pero no al lado. Durante la cena fueron conociendo vagos detalles de la vida de uno y otro. Él la miraba, le gustaba su forma de hablar, de gesticular, de expresarse. No es que fuese guapa propiamente, pero tenía un “no sé que”… y tonta no era precisamente. Se sentía atraído por ella.
¿Tendrá pareja? ¿Le habré caído bien? Es tan maja…
Tras la cena amena y agradable fueron a un pub próximo. Había dejado de llover y seguramente si él hubiese mirado al cielo habría dicho que comenzaba a brillar el sol en esa noche enero. Consiguió colarle discretamente la pregunta sobre su estado social y averiguó que no había nadie en la actualidad. Pudieron hablar con la intimidad que daba la fuerte música ambiental. El agrado parecía mutuo. Al despedirse se dieron dos besos en las mejillas que a él le supieron a poco. Se fue camino de su coche con una sonrisa en los labios, una manojillo de pequeñas ilusiones y un número de móvil.
Que maja, que maja, que maja…quiero verla de nuevo, ya la echo de menos.
viernes, 28 de diciembre de 2007
El amor más bello
El era bajito, robusto, recio, fuerte y moreno. Había nacido en una zona poco poblada pero con bastante actividad. Salvo en épocas de frio, siempre estaba al aire libre, le gustaba el sol y gozaba con él.
Ella era alta, delicada, casi rubia y su cuerpo una suma de ondulaciones. Había vivido desde siempre en una zona muy poblada, frecuentemente húmeda y donde rara vez brillaba el sol o se sentía soplar el viento.
Eran opuestos en casi todo, se podría decir que lo único que compartían era el suelo que pisaban. Fue la casualidad la que hizo que conociesen, les podría haber pasado a cualesquiera otros dos, pero les ocurrió a ellos.
Él fue con su gente en una excursión fugaz a la zona donde ella residía. Fugaz pero lo suficientemente amplia para que sus cuerpos fortuitamente se rozasen. Todo se originó ahí. Ambos tomaron conciencia del uno del otro. El mundo que les rodeaba se convirtió en un cuadro desenfocado donde sólo ellos aparecían nítidos. Al instante supieron que siempre se profesarían amor de por vida.
Fue un amor intenso que se sobrepuso a todas las adversidades. La mayor de ellas la distancia de sus hogares: poco más de un metro en línea recta. Sus diferencias aparentes carecían de importancia. Nada hace mella cuando el amor es tan inmenso.
Aunque fueron habituales las ocasiones en que la mano derecha rozaba la axila izquierda cuando se quitaba una camiseta. Ellos nunca más se volvieron rozar. Él, desde la segunda falange del dedo anular, pensaba constantemente en ella y anhelaba las ocasiones en las que podrían volver a estar más próximos. Ella se pasaba los días inquieta, le quería con cada fibra de su cuerpo de queratina y, auque en la axila convivían una multitud de vellos mas, se sentía tan sola como si estuviese en la planta del pie. Él, sabedor de ello, le contaba por el sistema nervioso cuanto veía desde su privilegiada ubicación para distraerla. Ella recibía las noticias con emoción entre sonrisas y lágrimas. Fueron numerosas las veces en las que les llamaron la atención. “¡¡¡ La única notificación que un vello puede recibir es la de erizarse. Está terminantemente prohibido a un vello emitir nada a través de el sistema nervioso !!!”. Pero ¿qué les iban a hacer?
Realmente fue bello mientras duro. El amor no cesó el día que ella murió. Fue un momento trágico para él ver como la axila, gracias a las últimas tendencias de la moda masculina, era rasurada por una maquinilla de afeitar. Pudo más el amor que el dolor de la perdida. El poco tiempo que la sobrevivió siempre le llenó su recuerdo. Murió un mes después calcinado en una barbacoa. Una llama descontrolada avivando el fuego lo redució a chamusquina.
Todavía, hoy, resuenan por algunos axones los ecos de varios “te quiero” errantes.
por Uno
P.D. Ejem, bueno, esto, ... yo, ... vale, es 28 de Diciembre :P
Ella era alta, delicada, casi rubia y su cuerpo una suma de ondulaciones. Había vivido desde siempre en una zona muy poblada, frecuentemente húmeda y donde rara vez brillaba el sol o se sentía soplar el viento.
Eran opuestos en casi todo, se podría decir que lo único que compartían era el suelo que pisaban. Fue la casualidad la que hizo que conociesen, les podría haber pasado a cualesquiera otros dos, pero les ocurrió a ellos.
Él fue con su gente en una excursión fugaz a la zona donde ella residía. Fugaz pero lo suficientemente amplia para que sus cuerpos fortuitamente se rozasen. Todo se originó ahí. Ambos tomaron conciencia del uno del otro. El mundo que les rodeaba se convirtió en un cuadro desenfocado donde sólo ellos aparecían nítidos. Al instante supieron que siempre se profesarían amor de por vida.
Fue un amor intenso que se sobrepuso a todas las adversidades. La mayor de ellas la distancia de sus hogares: poco más de un metro en línea recta. Sus diferencias aparentes carecían de importancia. Nada hace mella cuando el amor es tan inmenso.
Aunque fueron habituales las ocasiones en que la mano derecha rozaba la axila izquierda cuando se quitaba una camiseta. Ellos nunca más se volvieron rozar. Él, desde la segunda falange del dedo anular, pensaba constantemente en ella y anhelaba las ocasiones en las que podrían volver a estar más próximos. Ella se pasaba los días inquieta, le quería con cada fibra de su cuerpo de queratina y, auque en la axila convivían una multitud de vellos mas, se sentía tan sola como si estuviese en la planta del pie. Él, sabedor de ello, le contaba por el sistema nervioso cuanto veía desde su privilegiada ubicación para distraerla. Ella recibía las noticias con emoción entre sonrisas y lágrimas. Fueron numerosas las veces en las que les llamaron la atención. “¡¡¡ La única notificación que un vello puede recibir es la de erizarse. Está terminantemente prohibido a un vello emitir nada a través de el sistema nervioso !!!”. Pero ¿qué les iban a hacer?
Realmente fue bello mientras duro. El amor no cesó el día que ella murió. Fue un momento trágico para él ver como la axila, gracias a las últimas tendencias de la moda masculina, era rasurada por una maquinilla de afeitar. Pudo más el amor que el dolor de la perdida. El poco tiempo que la sobrevivió siempre le llenó su recuerdo. Murió un mes después calcinado en una barbacoa. Una llama descontrolada avivando el fuego lo redució a chamusquina.
Todavía, hoy, resuenan por algunos axones los ecos de varios “te quiero” errantes.
por Uno
P.D. Ejem, bueno, esto, ... yo, ... vale, es 28 de Diciembre :P
martes, 25 de diciembre de 2007
Soy lo muerto
Unas cuantas letrras escritas en un intento de poema hace mucho tiempo en un momento de angustia personal... don't worry, ya estoy bueno :-)
Soy lo muerto,
lo destruido,
la piedra que cae al abismo,
un quejido sordo,
un camino escondido,
el cántaro roto,
un esputo,
un edificio derruido,
la soledad eterna,
el refugio de la pena,
un sol apagado,
la nada y el olvido.
por Uno
---===O===---
Soy lo muerto,
lo destruido,
la piedra que cae al abismo,
un quejido sordo,
un camino escondido,
el cántaro roto,
un esputo,
un edificio derruido,
la soledad eterna,
el refugio de la pena,
un sol apagado,
la nada y el olvido.
por Uno
La primera mentira
Esta primera entrada es mentira pues no será un texto como los que conformarán el resto del blog sino una introducción al mismo y su contenido..
Comienzo pues la presentación. Mi deseo albergar en estas páginas pequeños o grandes escritos de todo genero, tipo y estilo. Todo tendrá cabida, desde pequeños relatos a narraciones más largas (por capítulos) hasta poemas o ensayos literarios.
Me gustaría hacer de este lugar una zona abierta donde quien quiera me envié sus textos para publicarlos. Yo añadiría a ellos una breve presentación inicial y el nombre del autor o un link a su perfil o página. La forma de envío sería por correo a terodonte@gmail.com. No quiero poner censura ni trabas a lo que me enviéis siempre y cuando no sean ofensivos en exceso a alguna persona en particular o grupo de ellos.
Animaos a participar, trasmitamos mensajes, sensaciones o sentimientos a través un puñado de letras a todos quienes tengan a bien leer de aquí.
Saludos
Comienzo pues la presentación. Mi deseo albergar en estas páginas pequeños o grandes escritos de todo genero, tipo y estilo. Todo tendrá cabida, desde pequeños relatos a narraciones más largas (por capítulos) hasta poemas o ensayos literarios.
Me gustaría hacer de este lugar una zona abierta donde quien quiera me envié sus textos para publicarlos. Yo añadiría a ellos una breve presentación inicial y el nombre del autor o un link a su perfil o página. La forma de envío sería por correo a terodonte@gmail.com. No quiero poner censura ni trabas a lo que me enviéis siempre y cuando no sean ofensivos en exceso a alguna persona en particular o grupo de ellos.
Animaos a participar, trasmitamos mensajes, sensaciones o sentimientos a través un puñado de letras a todos quienes tengan a bien leer de aquí.
Saludos
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