Un blog para la verdad: Cachos de vida
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domingo, 11 de enero de 2015

Te quiero




Trás una leve ausencia donde dos años han tenido a bien pasar, al menos en el número del calendario, vuelvo con un diálogo tontón. Algo suavecito para retornar para evitar lesiones.

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- Te quiero
- Y yo a ti.
- No, así no vale
- ¿Qué "no vale"?
- Qué tú nunca me lo dices.
- ¿El "te quiero"? Sí que te lo digo...
- No, tú siempre dices "yo también" o como ahora "y yo a ti", pero nunca dices que me quieres. No lo dices tú primero.
 - Cariño. Ya sabes cómo soy. Oye, déjame coger un poco más sábana que se me está enfriando todo el culo.
- ...
- Yo te quiero. ¡Anda! ¡Mira! Ahora lo he dicho. ¿Has visto?
- Así no vale. No es natural, no es espontaneo
- Sí que lo ha sido.
- Porque estábamos hablando de ello. Así no vale,
- Ufff, qué complicado... Bueno, lo que te decía: yo te quiero. ¡Anda otra vez! Vale, vale, que esta tampoco es buena, lo sé. Te quiero y te quiero siempre. Y mucho.
- Pero no me lo dices nunca. Nunca sale de ti decirlo
- A ver, yo lo siento. Es así, te quiero. No sé. Es como respirar. Yo no digo cada vez que cojo aire "respiro". Si tuviese que decir cada vez que te quiero, que es siempre, "te quiero" me hubiese muerto deshidratado porque habría gastado todos mis fluidos en saliva para decírtelo constantemente.
- Ja. Eres un exagerado. ¡Eh! ¡Ahora me está dejando tú a mi sin sábana! !Suelta una poca!
- Puedo hacerlo. Atiende: te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quier...
- Para ya, idiota. Tampoco es eso.
- Podría seguir. Te qui...
- ¡No! Para. Qué pesaito eres a veces.
- ...
- De todas formas, no te creo. Para mí no me basta que me quieras en silencio. Necesito oírtelo decir. No siempre. No se te ocurra volver a empezar. Pero sí de vez en cuando. Es que me siento como si estuviese sola en esto.
- Cariño...
- Sé que me quieres, pero me gusta que lo digas.
- Esta bien, lo intentaré. Oye, ¿seguro que lo de antes no valía?
- ...
- Vale, no. Se paciente conmigo que no es que yo quiera decírtelo, es que, yo soy más de acción que de palabras.
- ¿Ah, sí? ¿Cómo es tu acción para demostrarme que me quieres?
- No, no es demostrar, es que no me hace falta, quiero decir, que yo lo sé, qué te quiero, tú también. Bueno, lo estoy liando. No me sé explicar. Mira, yo el quererte te lo digo así.
- ¡Eh! ¡Vaya! ¡Para ti el quererme es agarrarme una teta!
- Mierda, ya la cagué otra vez
- ¿Te parece bonito? ¿Para mi querer no es sólo sexo?
- La cagué, bien cagada. No es eso. Que era medio broma. Te quiero y para mi eres mucho más que unos polvetes muy buenos o tocarte las tetas o...
- Ya...
- Ey, de verdad. Que lo de agarrarte la teta era en broma.
-Ah, vaya. Ahora tocarme es para hacer broma. Ya no te gusto.
- ¡Qué sí! ¿Cómo no me vas a gustar? Ufff. De verdad, qué me gustas, que sólo bromeaba. Y te quiero. Y mucho.
-  Tonto. Lo sé. Yo también bromeaba.
- Joder. Toma la sábana, estoy sudando.
- Pobre. Anda pégate de nuevo, que no quiero que te enfríes, y agárrame la teta que me gusta.
- A sus órdenes, mi oficiala.
-...
- Eh. No me hagas bromitas de esas que me acojonas
- Te quiero.
- Y yo a ti. Eh. Bueno, qué yo también, quiero decir que te quiero. Eso, TE QUIERO.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Microrrelatos X




Nadie se confunda, la X significa diez. No indica el lugar de un tesoro, ni que los textos versen sobre sexo. Puede que algún día la X implique la temática, cosa para la que no tengo prejuicios, pero no es hoy.

No sé bien como lo he hecho,  esta vez, los microrrelatos son cortos, increíblemente cortos para ser míos. Por ello y por qué cinco es la mitad de diez, cinco son los que publico. Espero que, al menos, alguno os guste.

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Conducía el primer tren de la mañana, así lo solicitó, y, mediante toques la bocina, se lo recordaba cada día a su ex-novio al  pasar junto su casa.

Había estado buscando el amor toda su vida, hasta en los sitios más impensables, y todo lo que encontró fueron 1,23 euros, dos botones, y un bonito mechero sin gas.

Cuando lloraba vertía lagrimas tan ácidas que le quemaban la cara, pero nunca le importo cuando eran de alegría.

Era un hombre tan tranquilo y discreto que cuando murió nadie asistió a su funeral, aunque muchos le recriminaron su falta de higiene.

Tengo que olvidarla. Tengo que olvidarla. Tengo que olvidarla. Tengo que olvidarla. Tengo que olvidarla...


jueves, 4 de julio de 2013

Microrrelatos IX

Esta vez sí, esta vez los microrrelatos han salido cortitos, aunque simplones a mi gusto. Espero que os despierten otra impresión distinta a la mía.

Ah, gracias a "la Brevi" por darme la idea inicial del tercero. Te dedicaría el quinto, por aquello, de que no hay, quinto malo, pero como ves sólo hay cuatro. Así, pues tercero, para tí.



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La adivina, cuando se volvió miope y le faltó la vista, cambió las tazas de té por las del váter. Todos los restos hablan sobre sus dueños.



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Era un hombre humilde, tranquilo y sereno. No le gustaba presumir ni vanagloriarse. De todas formas, los buenos asesinos en serie nunca han estado bien considerados.



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Todos sus amantes tenían bigote. No era casualidad. Cómo no lo fue que un día todos juntos la fuesen a ver. 

- ¿O te depilas o hay cosas que van cambiar? - le amenazaron

- Ay, cariños, -les dijo mientras se acariciaba suavemente el pubis a través de la ropa - es que así da más gustito rascarse el chocho



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¿Cuándo evolucionaremos? Podemos elegir el color y el olor de nuestra sombra. Hasta su sonido al desplazarse o quedarse parada. Pero no su forma. ¡Qué atraso, siempre refleja la nuestra figura! ¿Qué hacen los científicos? ¿Es que todo tenemos que hacerlo nosotros? ¡Qué atraso de civilización!

sábado, 26 de mayo de 2012

Microrrelatos VIII



Publico otra entrega de los microrrelatos que cada vez me salen menos micro.

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Su cuerpo yacía estirado sobre el asfalto. La cabeza en un postura grotesca, sin duda, por tener el cuello rebanado, la causa de la muerte. Miraba al cielo con los ojos muy abiertos. Unos preciosos ojos azules aun luminosos pero carentes de vida. A su lado, en el suelo, unas enormes gafas de sol que siempre usaba. Su asesino, su vecino, declaró ante la policía "No puede evitarlo, no podía soportar lo que hacía. Ocultar esos ojos era esconder la más preciosa obra de arte, era un crimen que... debía ser castigado".

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Se mantenían la mirada desafiándose. A medida que pasaba el tiempo la tensión era mayor. Un duelo, el arma elegida: los ojos. Pupila contra pupila.
Primero ves toda la cara, luego te centras en las cejas y ojos. Observas los detalles, la curva de los parpados, las pestañas, las coloraciones del iris, ... los reflejos que devuelven. Te ves en ellos, tus propios ojos en los suyos. Y te parece familiar, incluso comienzas a sentir cariño por ellos. De pronto, ganas, la otra mirada se retira, y en cuanto se aparta de ti lo lamentas y comienzas a añorarla.

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Llevaba años haciendo juegos de palabras. Las partía, las fusionaba, les retorcía el sentido, entremezclaba las de distintos idiomas, les deformaba su pronunciación, ... les aplicaba todo tipo de mutaciones y distorsiones para obtener la sonrisa ajena.
Un día las palabras se revelaron y decidieron jugar con él. Al hablar no salían, o salían otras que no tocaba, a veces salían del revés o en tono cambiado, o muy alto o terriblemente grave. Fueron más allá, sus pedos eran hitakus, sus bostezos eslóganes publicitarios, sus suspiros maldiciones. Cansado de esto y los efectos que producía decidió cambiar su oficio por otro donde sus nuevas formas de expresión quedasen disimuladas: se hizo político.

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Cuando hizo su curriculum profesional estaba algo turbado, en lugar de empresas y trabajos realizados escribió la lista de sus ex-parejas y el motivo por el cual la relación había cesado.
La jefa de personal al ver el documento supo inmediatamente que ocupación sería la ideal para su perfil: le propuso ser su marido.