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jueves, 21 de febrero de 2008

Los errantes (III de IV) - El ser sobrenatural

Penúltima entrega.

Capitulo III – El ser sobrenatural


El Maaka calló. Parecía pensativo, como si estuviese en otro mundo. El alumno aguardaba en respetuoso silencio y no exento de preocupación las propias palabras de su maestro. De pronto, una bruma, de ella una luz y de la luz un ser que apareció ante ellos.
- Pareces sorprendido, viejo, veo que reconoces la historia.
- Tú… - respondió anonadado Maaka -… eres tú…
- Sí, yo soy, me conoces, pero no hace falta que digas mi nombre, podría costarle la vida a alguien – y miro a Breen, que asustado observaba la escena.
- Mientras leía – comenzó a hablar lentamente Maaka – me he dado cuenta que quien escribió este pergamino era un “hermano”, el aparecía en mis sueños y visiones…yo también he visto esas miradas, esos otros tantos como yo…
- Sí, realmente, sois una plaga, no os basta con morir… como tú harás en breve, os empeñáis en reencarnaros.
- Entonces, ¿mis visiones…?
- Tus visiones vienen de tus otras vidas, afortunadamente la vida del humano es lo suficiente corta para que no llegue nunca a comprender.
- ¿Era yo?
- Eras tú, lo mismo que el maldito que escribió ese pergamino se veía a si mismo…
- Pero,… ¿por qué?
- ¿Acaso has visto alguna vez a un dios aceptar preguntas de un miserable humano? Sois una plaga, una molestia, para mí, para los demás dioses y para el mundo. No puedo evitar que nazcáis en otro cuerpo, pero si puedo bañaros en el olvido… Y ahora, como bien habrás adivinado, ese pergamino debe ser destruido…no pueden quedar rastros. Nunca deberéis conocer la verdad, nunca…¡por el bien de todos! - Cada vez hablaba más fuerte y enfureciéndose a cada palabra - Estáis condenados a vagar por la vida con vuestra sed inaplacable, solos, perdidos y confusos... nunca volveréis a ser uno… ¡NUNCA JAMÁS!

Tembló la sala con la potencia de su voz. Fue lo último que oyeron Breen y Maaka, sus tímpanos estaban destrozados.
El dios miró al viejo y sonrió. El pergamino prendió y comenzó a quemarse. Cayeron las llamas sobre las ropas de Maaka y otros textos. Pronto el fuego se extendió por toda la sala. Maestro y discípulo quedaron rodeados por las llamas, su vestimenta ardía.

Tan fugazmente como apareció el dios, se esfumo abandonando la devastación que había provocado.

El intenso calor debilitó la estructura de las paredes del sótano. Cedió el techo y los escombros sepultaron las cenizas de la que había sido la gran biblioteca.

2 comentarios:

Daniela Haydée dijo...

¿Por qué siempre las bibliotecas salen perjudicadas?
Por qué en ellas está la sabiduría y la sabiduría es poder...

¡Que recostruyan esa biblioteca ya!

Saludos.

Uno dijo...

Daniela Haydée
El lo malo de las bibliotecas que son altamente inflamables. Tenian que hacer como los egipcios jeroglificos en la pared, esos si que resisten más.

Saludetes